El experto en arte y economista Don Thomson acaba de escribir un libro sobre las glorias (de algunos artistas contemporáneos) y miserias (del arte que producen) que rodean al mercado artístico de nuestro días. Podéis leer una crítica aquí.
El libro se titula El tiburón de 12 millones de dólares. Es un libro que duele leer a los que consideramos que el dedicar una vida al estudio y disfrute del arte contemporáneo es una de las actividades más dignas y vocacionales que puede existir. En un mundo que hoy vive arrodillado ante el poder del capital, un pulsómetro tan fiable del Zeitgeist como lo es la estética del momento no podía dejar de obsequiarnos con personajes como Damien Hirst, ejemplo paradigmático del artista turbocapitalista, digno y fiel representante del circo artístico trágico que vive dentro de otro circo nada artístico y mucho más trágico que es el mundo en que se refleja. A este hombre se le ha concedido el premio Turner.
En la foto, con su obra “Por el amor de Dios”, una calavera compuesta de diamantes, valorada en unos 40 millones de dólares, con una pequeña historia detrás cuyo galerista en México me contó una vez.
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