Tercera y última entrega del ciclo ARCO – Mamoneo Contemporáneo. Hoy: Ojalá los cuadros se pintaran solos.

Todo aquel que haya trabajado alguna vez para ciertos artistas de carácter peculiar o vida “desordenada” habrá llegado alguna vez a esta conclusión: Dios, ojalá los cuadros se pintaran solos. Cuando te hacen colgar el cuadro de veinte maneras diferentes antes de decidir que la primera era la más adecuada; cuando se quejan de que siempre reciben peor trato que los otros por parte del galerista; cuando te piden que localices una obra de la que no recuerdan título, ni medidas, ni si fue vendida; cuando les pides un CV para presentar obra a concurso y te lo traen escrito en una hoja a lápiz o en general cuando les pides cualquier cosa. Al final, siempre acabas pensando lo mismo: qué fácil sería todo si los cuadros se pintaran solos. Pero claro, eso no es posible. Sigue leyendo




En la foto, con su obra “Por el amor de Dios”, una calavera compuesta de diamantes, valorada en unos 40 millones de dólares, con una 
